CAPÍTULO 30
El auto descendía por la colina lentamente mientras la mañana despuntaba entre neblina y rayos de sol tímidos. Luna apoyaba la cabeza en el cristal, observando cómo el paisaje urbano reemplazaba al verde de los árboles, y sentía un vacío raro, como si el regreso a la realidad le robara un pedazo de lo vivido.
Andrey iba en silencio con su mano sobre la de ella, conduciendo con una calma casi ceremonial.
Y cuando llegaron frente al edificio donde vivía, Luna suspiró.
—¿Vas a estar bi