Tenerla así, sobre mí, era una sensación que no sabía describir. Había estado con muchas mujeres, sí… pero ninguna me había hecho sentir lo que ella lograba sin siquiera intentarlo.
Su olor me volvía loco. Era lo único que mi mente repetía, una y otra vez: quería probarla, quería descubrir ese sabor que imaginaba dulce, perderme en él, ahogarme en sus jugos hasta olvidar dónde estaba.
Dios… quería arrancarle la ropa y follarla justo aquí.
Y lo habría hecho… si no fuera tan malditamente celoso.