Y como dijo Logan, esa misma noche llegó a casa con sus maletas.
Yo estaba feliz… peligrosamente feliz. Como si esa felicidad fuera frágil, prestada… como si en cualquier momento alguien viniera a arrebatármela.
Y sabía quién.
Aun así, sonreí.
Porque en cuanto tuviera la oportunidad, iba a sugerirle irnos. Otro país. Otra vida. Un lugar donde nadie pudiera encontrarme… donde él no pudiera alcanzarme.
—Bienvenido a casa…
Mi voz salió baja, suave… demasiado íntima. Como si esa bienvenida no