Verla me llenaba de ira.
¿Así que ellos querían un hijo?
Qué ridículos.
No me daba la gana de que ese sueño se cumpliera. Ella nunca iba a pertenecerle… no mientras yo siguiera aquí.
No merecía un final feliz.
No merecía que nada bueno le pasara.
—¿Cómo hago para salir? —preguntó.
Tiré el condón en la papelera y me acomodé la polla dentro del pantalón con total normalidad.
—Abre la puerta y vete.
Me miró como si me hubiera crecido una segunda cabeza… y luego empezó a llorar.
La vi caer al suelo