24: Accidentados. (Alessandro )
El motor rugió y el coche arrancó.
Casi me parto la boca contra el salpicadero. Tuve que poner las manos para no estrellarme de lleno. Me acomodé como pude en el asiento y, esta vez sí, me puse el cinturón.
La volteé a mirar.
Ella se estaba riendo.
Lo había hecho a propósito.
Perfecto.
Esta me la iba a pagar.
Frente a nosotros venía un enorme camión. Ella iba directo hacia él, como si la idea de morir aplastados fuera una actividad divertida de martes por la mañana.
Dejé escapar un grito nada m