El alcohol me quemaba la garganta, pero ya ni siquiera sentía el sabor.
Solo quería dejar de pensar.
Apreté la botella de cerveza entre mis dedos mientras manejaba de regreso a casa. Las luces de la ciudad pasaban borrosas frente a mí y las lágrimas me nublaban la vista.
Elena.
Besando a Emanuel.
La imagen volvía una y otra vez como una maldita tortura.
Ella se veía tranquila entre sus brazos.
Protegida.
Tranquila.
Y yo jamás pude darle eso. Y tal vez nunca pueda hacerlo.
Emanuel parecía un bue