El sobre con los resultados permanecía abierto sobre mi escritorio.
No podía dejar de mirarlo.
Compatible.
99.99%.
Mi hijo.
Ese niño… era mío.
Respiré profundamente y me recosté en la silla, llevándome una mano al rostro. Durante semanas había intentado convencerme de que no me importaba, de que ese embarazo solo era otro problema más creado por Isabela, otra cadena obligándome a permanecer unido a una familia que odiaba.
Pero ahora…
Ahora que sabía que ese bebé realmente llevaba mi sangre, alg