Máximus se detuvo en seco en medio del pasillo. El aire pareció congelarse a su alrededor. No se dio la vuelta de inmediato, pero sus puños se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Lentamente, giró sobre sus talones y su mirada era de un desdén absoluto, una mezcla de odio y superioridad que habría hecho temblar a cualquiera. Pero Ellie, alimentada por su envidia ciega, permaneció allí, desafiante, con una sonrisa ladeada.
Él se acercó a ella con pasos firmes y pesados