Sonrisa triunfal.
Rosie se queda impactada, sintiendo una fuerte presión en pecho. Ella no entiende del todo las reglas legales de un contrato de herencia, pero el hecho de escuchar la determinación fría con la que Douglas reclama su derecho a habitar la mansión le causa un escalofrío que le recorre la columna. Mariano, siempre atento y leal, limpia con un pañuelo de seda las gotas de sudor que brotan de su frente; sus ojos van de Máximus a Douglas, temiendo que la violencia física estalle en cualquier segundo,