Al amanecer, Rosie se acerca al balcón de la habitación, con una taza de café que su madre había pedido especialmente para ella.
—Hija, hablemos, por favor —la voz de la señora Harper rompió la calma del amanecer. Esta apoyada en el marco de la puerta, con las manos entrelazadas y los ojos cargados de una preocupación notable.
Rosie no se giró. Se limitó a apretar las manos alrededor de la loza caliente, buscando un calor que su cuerpo parecía haber perdido.
—No quiero, madre. Ya tomé una deci