Máximus y Rosie se miran entre sí, sus manos siguen entrelazadas, pero el agarre se vuelve en una mezcla de terror y desesperación. Luego, ambos giran el rostro hacia la Matriarca. Están sorprendidos, las palabras se les atora en la garganta ante una orden que suena a sentencia de muerte para su felicidad.
Douglas rompe el vacío con una carcajada estridente, un sonido que hiela la sangre de Máximus. El eco de esa risa acentuando la humillación. Máximus reacciona de su perplejidad de golpe; sus