Rosie retoma aire, luchando contra la opresión que siente en el pecho. Sus manos, que hace un momento temblaban sin control, se cierran en puños firmes. Mira a su hermana a los ojos, pero ya no busca amor ni respuestas; solo ve a una desconocida.
—A partir de este momento, has muerto para mí, Ellie —sentencia Rosie con una voz que sale desde lo más profundo de su garganta, fría y definitiva—. No te quiero volver a ver. No te atrevas a buscarme jamás en tu desgraciada vida.
Al decir eso, Rosie s