La perdí...
En cuanto los oficiales arrastran a Douglas fuera de la sala, el eco de sus gritos se apaga, dejando un silencio sepulcral. La respiración de la Matriarca es agitada. Máximus permanece inmóvil, con la mirada clavada en el estrado vacío, procesando la magnitud de lo que acaba de suceder. Su mente es un torbellino de imágenes: la frialdad de su abuela anoche, el rostro destrozado de Rosie al firmar el divorcio, y la revelación final del embarazo.
Lentamente, Máximus gira hacia su abuela. Sus ojos