Rosie miró a Héctor y luego a su hermana. Se sintió dividida y agotada.
—Lo siento, Ellie... volveré lo más temprano que pueda para que hablemos, ¿sí? Siéntete en casa, a mí también me urge hablar contigo sobre algunas cosas —dijo Rosie, pensando en la extraña escena que vio anoche desde la barandilla.
La sonrisa de Ellie se volvió gélida y falsa.
—Claro, vete. Siempre en tus asuntos importantes y yo aquí como un objeto decorativo en esta casa. No te preocupes por mí, ya estoy acostumbrada a