Contrato matrimonial

— ¡Una boda en un par de semanas, qué maravilla! — La patriarca se acerca a Rosie, quien se ve estática. Al estar a dos pasos de ella, alza su bordón elegante y coloca la punta en el mentón de la chica, haciendo que esta levante la mirada. — Eres la única que apruebo como la futura señora Livingston. — Sonríe ampliamente.

— Se-señora Livingston, yo… — Harper tartamudea, es que literalmente no encuentra palabras. ¿Ser la esposa del hombre que siempre le ha gustado? Sería un sueño para ella si las cosas fueran diferentes. La realidad es que todo es una burbuja de confusiones. — Créame, esto es un malentendido, yo soy… — La señora Livingston la interrumpe.

— ¡La futura esposa de mi querido nieto! — Le guiña el ojo y luego retira su bordón. — Hay una boda por organizar, ¡qué maravilla!

— ¡Abuela, detente! — Maximus está con el ceño fruncido, no le agrada lo que está pasando, siente que tiene una pésima suerte.

— No hay nada que pensar, Maximus. Es mi última palabra. Si no, ya sabes lo que pasará. — La abuela se da la vuelta y se marcha sonriente. Es una mujer sabia y sabe lo que hace. En cuanto cierra la puerta, Rosie suelta el aire retenido. Al mirar a Maximus con asombro, encuentra a un hombre sumamente enojado. Se nota que la idea lo aborrece y su corazón duele. Es claro que él jamás se fijaría en ella, jamás.

— ¡Esto es una locura! — espeta ella.

— ¡Por supuesto! ¡Joder! No tenías por qué venir. Mi abuela es terca cuando se lo propone, es increíble, maldición. — Livingston hace una mueca de disgusto.

— Se nota lo desagradable que es para usted llegar a contraer matrimonio conmigo. Descuide, porque eso no me pasa por la cabeza. Sería no tener cerebro al casarme con un hombre como usted.

— ¿¡Qué diablos dices!? Solo abres tu boca para querer ofenderme. ¿Cuál es tu gran puto problema conmigo? — pregunta con arrogancia. — ¿¡Acaso algún día te rechacé!? Solo actúas como una mujer ardida. Créeme que si así fuera te habría recordado. — Alza la voz, está al borde del estrés.

— ¡No pienso oír más sus ofensas, señor Livingston! ¡Suerte con su miserable vida! ¡Con su locura de una esposa, lo cual no creo que la tenga porque usted es un cabeza hueca! — Se dirige a la puerta. — ¡Sabe qué? Renuncio a ser su casamentera! — Sus ojos se tornan llorosos. — No permanecería ni un minuto más con un hombre tan cruel y arrogante como usted. — Agarra su bolso.

— ¡Bien! ¡Porque no te necesito! — le grita y ella cierra la puerta de un portazo.

— ¡Joder! — Maxi empuña sus manos. Su abuela ha llegado muy lejos y lo peor es que sabe que ella cumple lo que dice y si posó su mirada sobre Harper, entonces debe ser ella, nadie más. — ¡Esto no puede estar pasando!

—¿Por qué la casamentera salió como alma que se la lleva el diablo? — pregunta su mejor amigo y asistente, quien venía a darle información de trabajo. — Tú estás… que matas y comes del muerto. ¿De qué me perdí?

— ¡Mi abuela vio a esa mujer y dijo que ella será mi esposa! — Cuando Héctor escucha eso, se ríe a carcajadas, pero al ver la seriedad de Maximus y que claramente su burla le generó más enojo, deja de reírse y traga saliva. — Vaya… entonces es serio.

— ¿¡Cómo puede mi abuela hacerme eso!? Esa casamentera y yo… es que no la tolero, le gusta desafiarme.

— ¿Y qué hay de malo? ¿Solo porque ella no se derrite por ti? Vamos, la chica es linda, aunque sus atributos no son tan grandes como te gustan, es guapa. Sus ojos son atractivos, no lo niegues. Te vi cómo la mirabas. El asunto aquí es que si la señora Livingston dio su veredicto final, debes hacer que esa chica sea tu esposa.

— No, eso sí que no.

— Sí lo harás, Maxi. Conoces a tu abuela más que yo y sabes que no se va a retractar.

— Esa casamentera prácticamente me mandó al infierno, joder, este asunto me tiene harto.

— Maxi, es fácil. Miremos cuál es la debilidad de la señorita Harper, la ponemos contra la espada y la pared. Se casará contigo bajo contrato con ciertas cláusulas y ya. ¿Qué tan malo puede ser?

.

.

—¿Ser la esposa de Livingston? — pregunta la jefa de Harper con gran sorpresa.

— ¡Esto es una confusión! Además, lo hubieras visto: para él fue la peor orden que le han dado en su vida. Se nota que me desprecia. Mira… — suspira con cansancio — solo venía a decirte que no seré su casamentera. En dado caso que regrese, asigna a otra y ya.

— ¡Pero esta es nuestra oportunidad, Rosie! El joven Maximus Livingston es importante. Eso le hubiera dado un plus divino a esta empresa. Una gran oportunidad para ti.

—¿Para mí o para ti, Scarlett? — pregunta mirándola fijamente.

— A ver, Harper, sé que estás resentida, sé que quieres el ascenso, pero… no es mi culpa que eso no te pase aún. Aunque… si te casas con el señor Livingston, tendrás mucho más que un ascenso de trabajo, querida. Ser su esposa tiene sus beneficios.

— Creo que he venido al lugar equivocado — dice Rosie dispuesta a marcharse.

— ¡Espera, Rosie! No tomes a mal lo que te digo. Sabes que tienes problemas económicos, querida. Solo veo lo que es mejor para ti.

— Pensé que eras mi amiga, Scarlett. Pero solo piensas en ti.

— Rosie, espera, querida… — intenta detenerla.

Cuando Rosie iba a salir de la oficina de su jefa, se topa con Héctor, el asistente y mejor amigo de Maximus.

— Lamento venir sin avisar, Scarlett, pero es urgente.

— Estoy al tanto de lo que pasó — hace resonar su garganta. — La señorita Harper no desea trabajar para el señor Livingston. Le daré otra casamentera.

— Eso no será necesario — mira a Rosie.

— Yo me voy — Rosie continúa su camino, pero las palabras de Héctor la detienen.

— Por favor, señorita Harper, necesito unos minutos de su tiempo.

— No tenemos nada de qué hablar — lo mira con firmeza.

— Es urgente, por favor, solo unos minutos — insiste y Scarlett, al ver que el asunto es importante, dice:

— Los dejo a solas. — Se marcha dejando su oficina para ellos dos.

—¿¡Qué quiere, señor!? No me diga que el señor Livingston viene a restregarme en la cara sus mediocres palabras. Para ser honesta, su jefe es un ogro.

— Usted tiene razón — la respuesta de Héctor la sorprende. — Solo le pido que me escuche y usted decide si viene conmigo o sigue su camino y nada ha pasado, señorita Harper.

Rosie traga saliva y luego suelta un largo suspiro.

— Tiene 5 minutos, señor.

— Es suficiente — afirma. — Estoy aquí porque conozco a la señora Livingston. Verá, mi jefe ogro, como le dices, está en aprietos.

— ¡Lo cual no me importa! — responde y Héctor piensa que Rosie tiene un carácter similar al de su jefe, por eso no se entienden.

— Sé que usted está hundida en deudas, incluso le está costando pagar el arriendo de su apartamento y que también está a punto de perder su auto. Las cifras de deudas son cada vez más altas, lo cual me causa intriga, pero no voy a indagar en su privacidad. Voy al grano. Mi jefe le ofrece un contrato matrimonial: él pagará todas sus deudas, usted vivirá como una reina. Deberá darle un heredero, comportarse como una esposa feliz. En cuanto el bebé tenga una cierta edad, se van a divorciar y usted quedará con una buena posición económica. No tendrá que preocuparse por nada, señorita Harper. Será una mujer libre de deudas que estoy seguro que la azotan cada día y mi jefe cumplirá el deseo de su abuela. Aquí todos ganan. — Sonríe y Harper siente su corazón arder. Héctor se ha tomado la molestia de investigar su vida y Maximus lo envía para su ofrecimiento de contrato como si ella fuera un objeto. — Si desea pedir algo más, se le va a conceder, señorita Harper. Entonces, dígame… ¿qué le parece?

— ¡Dígale al señor Livingston que no acepto! — Su voz firme hace que el rostro de Héctor se torne pálido.

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