XIMENA
—Ja, ja, ja, tan lindo mi Ángelo—, Ximena mencionó al tiempo que pasaba por la garita del celador. En el flamante auto deportivo que utilizaba para ir a fiestas importantes donde no necesitaba escoltas, por eso el vigilante lo dejó pasar.
Ximena llevaba puesta la camisa de seda de su amado o abandonado. Se emocionó con ese auto que le exigía más velocidad. Sin escatimar en combustible le hundió el acelerador. El carro se agachó para disminuir la resistencia al viento. Prometió que cuando