Ximena
Ella levantó las caderas para caer en la espalda alta, como lo había aprendido en una clase de jiujitsu. Con sus manos apretó las de su atacante, forzando a que le soltara el cabello. Giro un poco para ver el rostro de su oponente traicionero. Luego observó el rostro contraído de una mujer de cabello corto, labios rojos, con un lunar encima del labio superior, con algunas arrugas que se revelaban a pesar de que el bótox le tensara la piel. Se puso de pie sin soltarle las manos; se las ab