XIMENA
Pensó que sería incómodo ver los rostros acusadores de los porteros al ver a una pareja de religiosos entrar a un sitio de estos, pero las caras inexpresivas de esos profesionales, que solo se limitaban a hablar lo necesario. Eso la tranquilizó un poco, pero no lo suficiente para apagar sus ruborizadas mejillas, “qué bochorno”, reflexionaba, aunque no era comparable con todo lo que le sucedería a continuación.
—Una sola cama, qué problema—, Esta vez ella opinó en voz alta.
Erik se colore