XIMENA
De nuevo entre a ese salón de juntas donde olía a moho mezclado con alcohol y tabaco, aunque se sentía el aroma de las colonias de esos viejos inversionistas, que unos me saludaron y otros solo me miraron con desprecio, empezando con el director que cuando me vio me dijo: —Me imagino que está muy contenta con el fracaso monumental que ayer me sucedió.
La sangre se me sube a la cabeza y trato de mantener la compostura, dando un saludo general: —Buenos días, qué alegría poder verlos de nue