La mañana en la mansión de York era clara, silenciosa. Isabelle había pedido que todo estuviera listo: los documentos, los abogados, el notario. El divorcio se llevaría a cabo sin prensa, sin ruido. Solo con las personas necesarias.
Noah llegó puntual, acompañado de su abogado. Vestía sobrio, pero con esa calma que solo él sabía mantener en momentos difíciles. Isabelle lo recibió en el salón principal, donde ya estaban el abogado de Jonathan —ahora representante legal de Isabelle— y el notari