En la sala principal, Vivianne se ajustaba los guantes de cuero mientras Isabelle, Camille y Lucie la observaban desde el pasillo, con los corazones latiendo más rápido de lo que querían admitir.
Vivianne se volvió hacia ellas antes de salir.
—Escuchen bien —dijo en voz baja, pero firme—. Los escoltas creen que hoy me acompañarán a una reunión en el centro. No sospechan nada. Pero ustedes deben estar de regreso antes de que yo vuelva. Si no, todo se vendrá abajo.
Isabelle asintió.
—Esta