James giró la cabeza, como si algo lo hubiera llamado sin palabras.
Y ahí estaba Isabelle.
Sentada frente a Adrien Beaumont, con una copa entre las manos y el vestido vino oscuro que aún lo tenía atrapado desde que la vio entrar. Su mirada se cruzó con la de ella. Por un segundo, todo el ruido del bar se apagó.
Celos. Lo sintió. Pero no lo mostró.
La mujer rubia que lo acompañaba, ajena a ese cruce de miradas, le tomó el rostro con ambas manos y lo besó con intención. Provocadora. Casi