El aire fresco del jardín de la mansión Seller no era suficiente para extinguir el incendio que devoraba la mente de Kerim. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el teléfono. La rabia, una mezcla de impotencia y remordimiento, le punzaba en las sienes. "Todo esto es mi culpa", pensaba mientras caminaba en círculos, buscando una salida que no existía. "Tuve compasión de ella; nunca debí dejar que se acercara tanto a nuestra vida. Debí haberla destruido legalmente cuando tuve la oportunid