La noche en Estambul se había vuelto un laberinto de sombras y secretos. El aire soplaba con un filo gélido que obligaba a los pocos transeúntes a buscar refugio, pero Zeynep no buscaba resguardo, sino respuestas. Caminaba apresurada por una calle lateral, alejada de las avenidas principales donde los faros de los autos podían delatarla. Llevaba una bufanda de seda oscura envuelta alrededor de su cuello y parte de su rostro, una precaria máscara contra el reconocimiento.
A su lado, Abram manten