El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de seda de la habitación principal, pero la calidez no alcanzaba a Zeynep. Se despertó con el corazón marcando un ritmo de guerra. Al estirar la mano, el lado de la cama de Kerim estaba frío; él ya se había marchado, probablemente al hospital o a la empresa, sumido en sus propias sospechas y responsabilidades. Zeynep no se permitió sentir la soledad. Se levantó con una agilidad eléctrica, se vistió con un conjunto oscuro que denotaba auto