El silencio que siguió al estruendo de los neumáticos de Zeynep y al eco de los gritos de Azra fue, paradójicamente, más ensordecedor que el escándalo mismo. El Club de Tenis "Bósforo", un lugar diseñado para el ocio de la élite, se había transformado en el escenario de una autopsia familiar. El aire todavía vibraba con la electricidad de la confrontación, y el sudor en la frente de Kerim ya no era producto del deporte, sino de un pavor gélido que le recorría la columna.
Emmir permanecía de pie