La luz del sol se filtraba por las rendijas de las persianas de madera, dibujando líneas de oro sobre el suelo de la cabaña. El aire, que la noche anterior había estado cargado de electricidad y estruendo, ahora olía a tierra mojada, a pino fresco y, sobre todo, a café recién hecho. La tormenta se había llevado los gritos, dejando en su lugar un silencio doméstico y cálido que parecía ajeno a la turbulenta historia de los Seller.
Kerim se movía por la cocina con una parsimonia que nadie en la o