—Sé lo que es que te rompan, Ariel —confesó Zeynep, acercándose más y sentándose en una silla frente a ella, a la misma altura—. Sé lo que es sentir que tu cuerpo y tu vida ya no te pertenecen. Sé lo que es querer desaparecer. Pero si te quedas ahí, les das la razón. Si sales de esta habitación con la cabeza alta, tú controlas la historia.
El momento de tregua fue interrumpido por un zumbido seco.
El teléfono de Zeynep, guardado en el bolsillo de su falda, vibró contra su cadera. Luego otra vez