Zeynep se quedó petrificada. El aire pareció escaparse de sus pulmones. El nombre de Kerim y Azra en la misma frase, unidos por un acuerdo sobre su hijo, era el escenario que siempre había intentado evitar.
—¿Qué? —fue lo único que pudo articular.
Abram vio la angustia pura en los ojos de Zeynep y extendió la mano hacia ella, pero ella se retiró.
—Lo siento mucho, Zeynep. No podía ocultarte esto. Sé lo importante que es Evan para ti, y sé el trato que hicimos —dijo Abram con una sinceridad que