La cama comenzó a crujir, reprimí mis ganas de romper el contacto y de mi boca salieron primero quejidos bajos... Quejidos que después se convirtieron lentamente en jadeos y gemidos al ritmo de sus caderas. En mi bajo vientre nació una esfera de placer, una esfera que crecía cada vez que ese hombre empujaba las caderas y su sexo llegaba muy profundo en mi interior. La presión de su cuerpo detrás de mí a los minutos se volvió electrizante. Cada movimiento que hacíamos era un baile de control y c