OLIVIA.
Escuché ruido. Algo desde el exterior de la calle llamó mi atención y era extraño.
Miré mi reloj de muñeca. Eran las 10:00 PM.
Recogí mi cabello y dejé las toallas que estaba doblando sobre la cama para alejarme del colchón y acercarme a la ventana de mi recámara.
Me quedé absolutamente congelada.
A lo lejos (no mucho), divisé la camioneta de Carlos alearse del estacionamiento frontal de mi edificio.
No iba ni muy lento, ni muy rápido, pero de una vez supe dos cosas: que no me daría ch