CARLOS.
Sí, me aseguré que Olivia estaba bien.
No, no usé el arma. No hubo tiempo siquiera de tocarla detrás de mi espalda.
Sí, yo estaba bien.
No, Ray no lo estaba. Juan tampoco. Y para cuando mi cerebro por sí solo se hizo esas preguntas, pensaba en su padre, en su madre y en cómo estarían dirigiendo la noticia.
Sin embargo, algo mantenía mi cordura lineal y fortalecida. No era más que el poder escuchar la frase, revoloteando en mi consciencia: está vivo, está vivo, Ray está vivo.
Me encontr