OLIVIA.
—¿Qué tienes ahí?
Mi pregunta estaba de más. Supe que era un arma desde que la yema de mis dedos la rozaron.
Nos miramos a la cara.
Él apretó la mandíbula y se encogió de hombros de una forma extremadamente ligera.
—Me provocó sacarla hoy.
—¿Por qué? —Miré a Ray, luego a él—. ¿Viniste solo? ¿Dónde está Juan?
—Él está afuera.
—Si él está afuera, ¿por qué te provocó sacar tu arma? ¿No lo contrataste para que la use él?
Carlos siguió penetrando el iris de mis ojos. No se inmutaba, no traga