Capítulo 63: Una dura noticia.
Fue así como en la penumbra de la habitación, donde las sombras jugaban a ser cómplices de sus deseos, Piero depositó con delicadeza el cuerpo aún tembloroso de su esposa sobre las sábanas.
Sus ojos se encontraron en una promesa muda, un juramento que no necesitaba palabras para ser entendido.
Con cada caricia renovada, cada beso robado entre risas y miradas llenas de significado, Piero buscó redimir aquel olvido involuntario que había causado la tormenta anterior.
Cada toque era una disculpa,