Peter, que había sido espectador de todos los cambios de ánimo que se habían reflejado en su rostro, usó la estrategia más adecuada.
-¿Puedo entonces confirmarle que iremos a las ocho?
Anne asintió.
-Es muy amable por su parte. De verdad que le agradezco el gesto
Peter se podía permitir el lujo de ser generoso, una vez que había obtenido lo que quería.
-Lo sé, Anne. Sencillamente te he sorprendido con la invitación. No te lo esperabas. Mi madre estará encantada de recibirte- dijo él.
Ahora irem