La lluvia había regresado a Ciudad de México desde el amanecer y permanecía suspendida sobre la ciudad con una persistencia elegante, como si el cielo entero hubiera decidido cubrir los edificios de cristal y concreto bajo una capa translúcida que hacía que todo pareciera más frágil de lo que realmente era. Desde las ventanas superiores del Hospital Privado Villanueva, las avenidas parecían líneas húmedas atravesadas por luces rojas y blancas que se deslizaban lentamente entre la niebla.
Valeria