Las llantas de la camioneta blindada chillaron bruscamente sobre el adoquín de la residencia de Luka. En cuanto el vehículo se detuvo, Luka saltó de la cabina sosteniendo en brazos el cuerpo inerte de Mónica, envuelta en una manta. Boris bajó tras él tambaleándose, sosteniéndose las costillas fracturadas y respirando con dificultad.
—¡Abran paso! ¡Daysi, la quiero en el quirófano privado YA! —rugió Luka, atravesando los pasillos a paso firme.
El equipo médico privado ya los esperaba con la cami