Mientras tanto, en la mansión del Noruego, Mike caminaba por los pasillos con un nudo en el estómago. Las palabras de Luka le habían pegado directo en el orgullo, pero lo que más le dolía era recordar la bofetada de Daisy y la decepción en sus ojos. Sabía que se había comportado como un completo imbécil celoso.
Se detuvo frente a la puerta del consultorio de Daisy. Se acomodó la playera, tragó saliva y tocó suavemente. Al no recibir respuesta, entreabrió la puerta y la vio ordenando unos frasco