Luka ingresó a la habitación cargando una bandeja de plata con un caldo reconfortante y alimentos ligeros, ideales para la recuperación de las vías respiratorias de Coni. El siseo del oxígeno seguía siendo el único sonido en la recámara.
Coni, al verlo entrar, se acomodó de inmediato contra la cabecera de la cama. Cruzó los brazos sobre el pecho y endureció las facciones de su rostro, tratando desesperadamente de recuperar el control y la distancia tras el fuego que ese hombre había encendido e