En la imponente mansión costera de Zayd, el silencio de la noche era interrumpido solo por el murmullo de las olas del mar. Delfina se encontraba en la suite principal, terminando de cepillar su largo cabello frente al espejo con una parsimonia perfecta. Zayd entró a la habitación, desabrochándose el cuello de su camisa de lino, visiblemente estresado por las exigencias paranoicas que Damián le había hecho por teléfono.
Delfina lo observó a través del espejo. Con una sutileza felina, dejó el ce