El jet privado de Zayd tocó la pista privada del aeropuerto de Miami con un siseo impecable, levantando una nube de agua bajo la lluvia torrencial que aún azotaba la costa. Las tres horas de vuelo habían terminado, y con el aterrizaje, las máscaras se ajustaron con más fuerza. Una caravana de camionetas blindadas de color negro satinado ya esperaba al Jeque y a su séquito al pie de la escalerilla.
Treinta minutos después, los vehículos cruzaron las colosales puertas de hierro forjado de una de