Anastasia cruzó el umbral del despacho y la pesada puerta doble de madera se cerró detrás de ella. Alaric permanecía de pie junto al gran ventanal, de espaldas, despojándose del chaleco táctico. En cuanto escuchó los pasos de su esposa, se giró. Sus ojos oscuros, cargados con la adrenalina de la jornada, se clavaron en ella con una intensidad posesiva.
Caminó hacia ella, la tomó de la cintura con firmeza y la atrajo hacia su cuerpo. Anastasia sintió el calor de su pecho y el aroma a pólvora y m