El silencio en la habitación médica de Mónica era denso, sofocante. Mónica descansaba en la camilla con el hombro inmovilizado, mientras Boris permanecía sentado a su lado, sosteniéndole la mano intacta con firmeza.
De pronto, los pasos pesados de las botas de Alaric resonaron en el pasillo, acompañados por los pasos suaves de Anastasia. La puerta de madera se abrió de par en par.
Al entrar Alaric, vistiendo su ropa de combate todavía impregnada del olor a pólvora y la presencia imponente del E