En el área privada de la clínica, Mónica descansaba en la camilla con el hombro inmovilizado. Daysi estaba a su lado, ajustándole el goteo del suero con profesionalismo, sin sospechar la tormenta que estaba por desatarse en el pasillo.
De pronto, la puerta se abrió y Lars entró sosteniendo un elegante ramo de flores frescas y una caja de chocolates importados. Al verlo, Daysi frunció el ceño, deteniendo sus manos en la manguera del suero.
—Lars... ¿qué haces tú aquí? —preguntó Daysi cruzándose