En el ala de invitados de la imponente mansión de Miami, Amira revisaba con manos temblorosas los cajones del escritorio del despacho secundario. Buscaba desesperadamente cualquier frasco de sustancia, recibo o registro que vinculase a Delfina con el atentado contra la madre de Zyad.
Sin embargo, en las sombras de la puerta, la mirada fría de Farah, la dama de compañía, observaba cada uno de sus movimientos.
Minutos después, Farah se deslizaba con sigilo hasta los aposentos de Delfina.
—Señora.