La velocidad de la camioneta blindada era un peligro constante. En el asiento del copiloto, un repentino e intenso dolor punzante en el vientre hizo que Anastasia soltara un suspiro ahogado, doblando ligeramente el torso por el estrés y la tensión del embarazo.
Al verla debilitada, Delfina soltó una carcajada maníaca, pero con una fracción de segundo de distracción al volante. Fue el momento que Anastasia aprovechó: ignorando el dolor agudo, se lanzó con desesperación a arrebatarle el arma de l