Habían pasado siete días desde aquella noche en la cabaña. Siete días en los que Coni se había esforzado por convencerse de que alejar a Luka era lo correcto. Siete días en los que el orgullo y la prudencia luchaban a muerte contra el torbellino que ese hombre había dejado en su pecho.
Esa tarde, buscando un poco de aire que no la asfixiara, Coni bajó al jardín principal. Vestía una bata ligera sobre su ropa de estar en casa y se sentó en uno de los sofás de teca bajo la sombra de las palmeras.