Alaric se separó un milímetro de los labios de Anastasia, manteniendo sus manos grandes y toscas acunando con extrema delicadeza el rostro de su esposa. Luego, con una lentitud inusual en él, deslizó su cuerpo hacia abajo hasta quedar arrodillado al costado de la cama, a la altura de su vientre.
La panza de Anastasia apenas comenzaba a esbozar una sutil curva, casi imperceptible a la vista, pero para el King, ese pequeño espacio contenía el universo entero. Alaric inclinó la cabeza, pegando su