En el lujoso estudio fotográfico del centro de Miami, Felipe—el fotógrafo civil de la boda—caminaba de un lado a otro con el sudor frío corriéndole por la nuca. La avaricia lo estaba carcomiendo vivo. Sabía que la gente de Damián Petrov pagaría millones por la ubicación exacta de la mujer de la foto, y él necesitaba encontrar el hilo conductor.
Las puertas se abrieron y Thiago entró revisando unas carpetas, con su habitual aire sofisticado y ocupado. Felipe se le acercó de inmediato, forzando u