En la intimidad de la habitación de Anastasia, las felicitaciones y los abrazos no se hicieron esperar. Mónica, Daysi y Coni rodearon a la reina de la dinastía, conteniendo las lágrimas de emoción. En medio de un mundo gobernado por hombres despiadados y balas, la llegada de una nueva vida era un milagro que todas estaban dispuestas a blindar con sus propias garras.
—Felicidades, Ana... Vas a ser la madre más increíble de todas —le dijo Coni, apretándole las manos con una sonrisa sincera—. Ese